Nicole Morris - A Romance in Two Parts

31.05.2012 - 21.07.2012

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    La Galería Magda Bellotti presenta la primera exposición individual en nuestro país de la artista británica Nicole Morris (Bedfordshire, 1986), A Romance in Two Parts, entre el 31 de mayo y el 21 de julio de 2012. La exposición forma parte del programa Off de PHOTOESPAÑA 2012.

 A Romance in Two Parts

En esta exposición tanto objetos como películas se abordan como parte de un mismo escenario que explora las diferentes, y a menudo contradictorias, sensaciones creadas por la profundidad espacial y las diferentes funciones en ámbitos tan dispares como el cine, el teatro o la instalación.

Existe un incremento considerable de conocimiento acerca de los diferentes niveles de profundidad, de artificialidad, de función y control sobre los espacios representados, a veces tan dispares. Por ejemplo, un campo impenetrable en un lugar desconocido se ubica dentro de un mundo de accesorios, objetos de barro y telones de seda con una existencia y un valor puramente estético. De esta manera los límites entre el espacio fílmico y el espacio real se difuminan. Esto se refleja a través de las propiedades físicas de la proyección y de las pantallas estampadas de ladrillos que funcionan simultáneamente como representaciones de sus propios espacios (portales, bastidores, entre bastidores) y también como fuente interdependiente de luz y de marco para sus respectivas representaciones.

Sin embargo, al tiempo que se desenvuelve en el marco de una inmediata armonía arquitectónica, hay claramente una disyuntiva entre las diferentes representaciones de tiempo/espacio dentro de todos los fragmentos que van a formar el todo. El video ‘blue-screened’, Testpiece I, contiene las dos fuerzas contradictorias siempre presentes en la exposición: la concienzuda orquestación de ciertos elementos bien delineados por una parte y todo lo inmutable del mundo ‘exterior’ por otra. Partes del cuerpo ‘blue-screened’ sometidos a una intensa coreografía flotan incómodamente sobre paisajes desconocidos. El resultado es un collage teatral montado sobre un trasfondo en tiempo real que hace al espectador consciente de la clara simultaneidad que existe entre las dos capas. Dos duraciones diferentes configuran este video. Primero, la duración de los cuatro trasfondos que continúan desenvolviéndose en la mente del espectador una vez que este deja de ver/mirar; y segundo, la secuencia repetitiva de partes del cuerpo en constante movimiento que el espectador es consciente existe solamente para él en tanto que no se puede encontrar fuera del ámbito de la proyección.El resultado es una desorientación y una confusión derivada de una experiencia de incorporeidad tanto real como imaginaria, a la vez que la mente del espectador es sometida a un torbellino de sensaciones espaciales múltiples.

Por otro lado, nos encontramos en la exposición con objetos escultóricos, las cerámicas, que nos devuelven un cierto confort y nos proporcionan una proximidad muy distinta de las imágenes del video. Al contario del magnetismo hipnótico que marca el espacio fílmico, los objetos poseen un atractivo mucho más racional, más específico, más lento. El espectador pronto comienza a establecer conexiones tanto estéticas como temáticas entre las extremidades de barro, los estampados de ladrillos y el video ‘blue-screened’. Los objetos de2barro comienzan a asumir formas afines a las otras formas corpóreas ‘blue-screened’, a la vez que los estampados de ladrillos proveen a todo el espacio de significado teatral, especialmente en lo que se refiere al segundo video Between us (detail)

El video Between us (detail) ofrece la versión mas teatral de una doble experiencia espacial-temporal. Los espectadores se someten a una experiencia similar a cualquier otra vivencia dentro de un teatro. Tanto es así que el vacío creado por la cámara fija se convierte en un tipo de escenario. No obstante, el sonido de los objetos no siempre sigue el compás de la imagen, que se ve interrumpida por cortes y una serie de ‘close-ups’. El ojo se siente a gusto con este montaje y sigue sin dificultad el movimiento de una cámara que viene a posarse en detalles del escenario de una manera parecida a la experiencia del ojo en el cine o el teatro cuando se siente atraído e incluso atrapado por un detalle o un sonido aparentemente superfluo. A menudo es ese mismo detalle sin importancia lo que sobrevive mas allá, la cosa que se recuerda más vivamente. De esta manera la cámara instiga una búsqueda similar, una búsqueda de texturas y sonidos hasta ahora desconocidos, texturas y sonidos que causan una inconsciente impresión en nuestra memoria hasta tal punto que lleva a un abandono total de todo orden espacial y temporal.

Tanto el espacio pictórico como el real vienen a representar, por una parte, la ilusión de profundidad y, por otra, la profundidad del material responsable de crear la ilusión. Esto se refleja el las telas estampadas que contienen, vistas desde lejos, una pared de tamaño natural (incluyendo juego de luz y sombras) y, de cerca, la estratagema del espectador con ojo viciado por el teatro capaz de entender, de ver en un telón una pared de ladrillos. El papel teatral de los ladrillos se ve socavado por el caminar mismo, un acercamiento que nos permite ver todas las imperfecciones en la geometría, trasladándonos desde un lugar imaginario a algo mucho más cercano, más tangible.

La impresión de yuxtaposiciones accidentales, dependiendo de cómo se navegue el espacio y en qué coyuntura se produzca el encuentro entre película y espectador, crea la sensación de una visión (parallax) o bien revuelta y confusa o bien condenada a la incertidumbre. En cierto sentido uno se encuentra atrapado entre el desempeño de un papel como espectador y el de editor de una obra en vivo. El viewing de la obra se convierte en un snapshot, una fotografía instantánea que recoge los movimientos del espectador dentro de la obra misma. De alguna manera uno quiere leer la obra como el autor la concibió (incluyendo duración, orden preconcebido, orden establecido); pero pronto ese deseo se rechaza, se desvanece, ya que no reconoce estar en control de factores tan determinantes como el estado del cuerpo, los ojos, la paciencia, el estado de ánimo y, cómo no, el azar.

Solo después de nuestra visita a la exposición, los contenidos se consolidan, asentándose uno por uno en su sitio. La imagen que se ha presenciado solo llega a existir mas tarde, en otro lugar, cuando todo tiempo/espacio viene a derrumbarse para formar una sola impresión. La afterimage emborronará tanto el tiempo/espacio real como el fílmico y todo lo que era, todo lo que parecía ser, lo que existía en un lugar (aquí/allí), todo ese donde y como y cuando, acabaran flotando de aquí para allá hasta que su/el orden confuso quede plasmado en un recuerdo perdido para siempre.

 

Tristram Bellotti

(Londres, mayo 2012)